¿Acaso Putin perdió la razón o solo elegimos ignorar las señales? Conflicto en Ucrania

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Justo cuando caía la noche del pasado miércoles 23 de febrero, nos fuimos a la cama seguros de que no habría avances radicales por parte de Rusia frente a Ucrania. Sin embargo, Vladimir Putin decidió lanzar una operación militar especial por solicitud de los separatistas del Donbás quienes estaban preocupados de que el ejército ucraniano pudiese tomar de sus manos el mínimo control que ya tenían sobre la región.

Es seguro decir que la mayoría de la academia y expertos no vieron venir esto debido a que las repercusiones políticas y económicas que Putin enfrentaría eran demasiado severas para que Rusia las soportara. Siempre lo hemos identificado como un hombre militarmente estratégico, como el antiguo espía ruso que siempre está un paso adelante. Pero nunca creímos que veríamos el día en el que él se atrevería a desafiar el orden internacional. Sin embargo, el líder del Kremlin decidió actuar bajo esa determinación y ahora todos nos preguntamos si acaso perdió la razón. 

Desde el punto de vista geopolítico, debimos haber visto que esto ocurriría. Putin ha hablado de manera clara sobre su deseo de restablecer la Unión Soviética y ha manifestado en múltiples ocasiones que Ucrania es parte de Rusia debido a sus lazos históricos. Desde el 2014, países con etnias rusas han manifestado su preocupación por Putin y el uso de esta retórica como excusa para invadirlos. Es una preocupación legítima que ahora estamos viendo desencadenarse frente a nuestros ojos. Pero ¿Cómo llegamos aquí?

En relaciones internacionales hablamos de la teoría realista de Morgenthau que es establecida en el fundamento del escepticismo conservador que lo lleva a concebir el deseo por el poder como el elemento constitutivo de los humanos, la sociedad y la política. Este busca refugio en la racionalidad pensada desde el balance de poder, colocándose a uno mismo como la única solución a la violencia (Morgenthau, 1962). La teoría realista expone el deseo de poder, raciocinio y otros conceptos relacionados como el balance de poder, intereses y propósito (Vargas Hernandez, 2009).  Asimismo, según las palabras de Mearsheimer, el objetivo primario en el Sistema Internacional es la supervivencia y, al final, el actual poder no es suficiente. Haciendo la historia corta, la política internacional gira alrededor del poder y la búsqueda del mismo.

Volvamos 8 años atrás, cuando Putin anexó Crimea. El 18 de marzo del 2014, Vladimir Putin anunció que se realizó un referendo, en pleno cumplimiento de los procedimientos democráticos y reglas de la ley internacional y que los números que dan soporte a la entrada de Crimea a la Federación Rusa son muy convincentes . Este evento desencadenaría acciones severas por parte de los estados miembros de la OTAN y en general de la comunidad internacional. Pero lo más importante fue que continuó desarrollando el miedo de que si Rusia decidiera invadir algún día Ucrania, lo haría a través del conflicto que se empezaba a desencadenar en las regiones de Donetsk y Lugansk en el Donbás. Esta anomalía  en el mundo, desde la caída del muro de Berlín, fue uno de muchos intentos del Kremlin por presentar sus metas geopolíticas al mundo. 

Durante todo el 2014 y el 2015, los acuerdos de Minsk fueron usados para intentar negociar una salida al conflicto. Los poderes europeos fueron mediadores en la prevención de la escalada del conflicto sin ninguna suerte. 

En el 2019, el presidente Zelensky es elegido por una gran mayoría de ucranianos  (73.22%) bajo la promesa de restaurar y regresar el Donbás al país. Sus esfuerzos fueron desatendidos por los separatistas y la propia Rusia. Zelensky buscó apoyo en la OTAN y la Unión Europea para acelerar el proceso de membresía del país y dijo: “Si estamos hablando de la OTAN y el Plan de Acción para Membresías, me gustaría obtener (de Biden) especificidades - sí o no " . 

Nos adelantamos a finales del 2021, cuando Rusia desplegó un largo número de tropas hacia la frontera con Ucrania bajo la premisa de que allí se estaban desarrollando ejercicios militares. Desde un punto de vista táctico, Rusia tiene el derecho de desplegar sus tropas cuando lo deseen siempre y cuando sea dentro de su territorio. El problema empezó cuando parecía que Rusia no estaba retirando sus tropas e inteligencia de los Estados Unidos estableció que se estaba preparando una invasión. 

Y luego empezamos a ver, aparentemente de la nada, ataques ucranianos a los separatistas del Donbás. Fuerzas respaldadas por Rusia ya estaban bombardeando objetivos en el este, y al más puro estilo clásico ruso, organismos propagandísticos culparon de la violencia al gobierno ucraniano. Esto llevó a un decreto presidencial autorizando y ordenando el desplazamiento de más tropas a la frontera con la región del Donbás. 

En este punto, estamos pensando que es el Siglo XXI y que no creemos en los conflictos internacionales directos. ¿Correcto? Tenemos a las Naciones Unidas, la ley internacional y muchos otros mecanismos para prevenir el conflicto internacional ¿Verdad? Las guerras no serán nunca más peleadas con rifles y balas. Hay nuevas tácticas: ataques cibernéticos, propaganda, desinformación, armas químicas… Pero la directa e ilegítima violación de la soberanía de un estado era algo poco probable.

O eso pensábamos antes del 23 de febrero del 2022.

Entonces, es febrero del 2022 y Rusia, contra todo pronóstico, lanzó una intervención militar en Ucrania. ¿Por qué? ¿Acaso Putin perdió la razón? La respuesta rápida puede ser “si”. Pero la respuesta realista es no. Putin ha venido diciendo durante años que “el colapso del imperio Soviético fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo ” , que él revertirá el colapso de la Unión Soviética si tuviese la oportunidad de alterar la historia moderna de Rusia ” , y más recientemente que Ucrania es un país ilegítimo y que existe en la tierra que es histórica y verdaderamente rusa: Ucrania realmente nunca ha tenido las tradiciones estables de un Estado Real . Estas afirmaciones que promulgan la anexión de Ucrania por motivos históricos o culturales han advertido durante años hacia dónde se orienta finalmente su política exterior.

¿Qué podemos esperar de estas acciones? Honestamente, no hay forma de saberlo. La decisión de Putin fue en contra de todo pronóstico o cualquier conocimiento previamente establecido sobre sus acciones. Desafió cualquier sanción, política energética, resultado militar y  lazo diplomático que pudiera romperse.

En ese sentido, la respuesta de occidente a Rusia debe ser lo suficientemente fuerte como para disuadir al Kremlin de continuar su plan imperialista. Como la opción militar está fuera de discusión, aislar a Rusia, política y económicamente es vital. La economía rusa ya está frágil pero con sanciones lo suficientemente robustas puede causar que la población rusa cuestione las decisiones de Putin y se le niegue combustible a su plan. La pregunta ahora es ¿Estará Europa dispuesta a hacerlo?

¿Qué pasa si nada detiene a Putin? En primer lugar, nada puede garantizar que Rusia se detendrá en Ucrania. Muchos países ex-soviéticos podrían ser los próximos y eso es un pensamiento lo suficientemente aterrador para la región. ¿Están las ex repúblicas soviéticas miembros de la OTAN a salvo? La respuesta es, más o menos. 

Si Rusia, por alguna razón, decide invadir Polonia, Lituania, Letonia o Estonia, sería un desencadenante inmediato del artículo 5 del Tratado de Washington y causaría una guerra mundial entre el Kremlin y la organización. Este escenario, aunque aterrador, es muy poco probable. Eso no quiere decir que estos países no son vulnerables a ataques cibernéticos y, en general, a maniobras híbridas . La OTAN no tiene claridad sobre ataques que no son ataques directos, así que hay una escapatoria para que Rusia ataque y desestabilice a estos países.

En segundo lugar, lo más probable es que veamos un efecto dominó en otros países alrededor del mundo. Hay muchas naciones en donde se promulga una agenda de anexión/separación por motivos históricos o culturales, que, a la mirada de una victoria rusa, estarían más que dispuestos a arriesgarlo todo para obtener sus objetivos.  Pensemos en Taiwan, Kosovo, Nagorno-Karabakh, Transnistria por nombrar algunos.

En general, el mundo no volverá a ser lo que fue hace un tiempo. Ya no podemos asumirlo, porque por mecanismos como la ley internacional, las agendas geopolíticas son olvidadas y dejadas a un lado. Muchas veces, como politólogos pensamos que el realismo está muerto porque hemos evolucionado como sociedad y no solo estamos impulsados por el poder. Que esta sea una lección de que, aunque es raro, subestimar “banderas rojas” que fueron insinuadas durante años (sino décadas)  puede llegar a cambiar el curso de la política internacional. 

Pero y entonces ¿por qué Latinoamérica debería preocuparse? El estudio por niveles de análisis de las relaciones internacionales nos ayuda a aterrizar este contexto en el nivel individual. Aquí, el comportamiento de los estados está influenciado por el comportamiento de los seres humanos. Los individuos reales dan forma a la organización. 

Tal vez en nuestra región no existan sentimientos de separatismo/anexión (irredentistas) que nos muevan a invadirnos unos a otros. Aún así, podríamos pensar en unos cuantos ejemplos de personajes que pueden alimentarse de narrativas inventadas para justificar la desestabilización de la región con el fin de conseguir fines políticos. No solo esto, Latinoamérica es una región supremamente influenciable por las dinámicas globales de poder y vernos inmersos en este tipo de conflictos no solo tiene repercusiones en nuestra economía, sino en nuestra estabilidad sociopolítica. O ¿todavía seguimos pensando que actores y agendas en otras regiones del mundo no tienen nada que ver con la elección de nuestros líderes?

Maria Paula Velandia 
Analista Geopolítica Senior en buho™  Clarity for leaders

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